Los pocos deseos que mueven cada compra (y por qué tu contenido debe tocar uno)
Detrás de casi todo lo que la gente compra hay un puñado de deseos profundos. Si tu contenido no toca ninguno, no vende. Te explicamos por qué.
¿Por qué alguien compra un perfume carísimo, un curso, una membresía del gimnasio o una consulta contigo? La respuesta superficial es "porque lo necesita". La real es más interesante: porque, en el fondo, persigue uno de unos pocos deseos muy humanos. Y si tu contenido no conecta con ninguno de ellos, por bueno que sea, no va a vender.
El problema: hablar de tu producto, no del deseo
La mayoría comunica características: lo que su producto tiene, lo que su servicio incluye, lo bien que lo hace. Pero a la gente no la mueven las características. La mueven los deseos. Nadie compra un perfume por su fórmula química; lo compra por cómo quiere sentirse y por cómo quiere que lo vean. El producto es la excusa; el deseo es el motor.
Por qué te pasa
Te pasa porque tú ves tu producto desde dentro, con todos sus detalles, y tu cliente lo ve desde fuera, con una sola pregunta en la cabeza: "¿esto qué hace por mí?". Si te fijas, casi todo lo que la gente desea cae en muy pocas categorías profundas: estar mejor de salud y verse bien, tener más dinero o seguridad, mejorar sus relaciones y su vida amorosa, y crecer como persona. Casi cualquier compra, si tiras del hilo, termina en uno de esos deseos.
Aquí viene la trampa más común: a veces tu producto pertenece a una categoría, pero el deseo de tu cliente está en otra. Por ejemplo, alguien puede vender "desarrollo personal", pero su cliente en realidad no busca desarrollarse: busca mejorar su relación de pareja. Si le hablas de desarrollo personal, lo pierdes. Si le hablas de su relación, te escucha. Y duele equivocarse en esto, porque puedes tener el mejor producto del mundo apuntando al deseo equivocado, y parecerá que "no funciona".
La clave: vender lo que quiere, entregar lo que necesita
Aquí está la idea que lo ordena todo: a la gente hay que venderle lo que quiere y darle lo que necesita. Tu cliente quiere el resultado (sentirse bien, ganar más, mejorar su relación, su tranquilidad); eso es lo que tiene que escuchar primero, en tu contenido y en tu mensaje. Y lo que necesita, tu método, tu trabajo, tu proceso, es lo que le entregas una vez que ya confió y compró.
La mayoría hace lo contrario: empieza vendiendo el método (lo que necesita) y nunca llega a tocar el deseo (lo que quiere). Por eso habla mucho y vende poco. Cuando inviertes el orden, deseo primero, método después, tu comunicación entera cambia de resultado.
Identificar el deseo exacto de tu cliente y construir todo tu mensaje alrededor de él es una de las primeras cosas que hacemos contigo.
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